Yo creía que ya no. Pero hoy sé que sí. Que todavía hay
personas que aparecen y hacen que la armadura se empiece a oxidar, como en el
libro, “el caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher.
A veces, es la vida misma que nos va haciendo ese escudo de
metal cada vez que nos pasa una tormenta por encima. Con el tiempo, con los
años, con los daños, las heridas, vamos formando capas. Vamos levantando muros
innecesarios, en lugares donde tendría que haber lagos cristalinos.
De a poco nos vamos endureciendo, pero sin perder jamás la
fragilidad.
La fragilidad es la mayor fortaleza del alma. Es la dulzura
del corazón. Es la que nos dice, nos grita a tiempo: si no te abrís, si no te
entregás por miedo a que te lastimen, por miedo al dolor, vas a morir en vida.
Y no hay nada más triste que vivir sin poder sentir.
La fortaleza es el amor con que se abre una flor. Es la
magia con que se crea una mariposa. Es la fuerza con la que se pide un deseo
cuando aparece una estrella fugaz. La flor se abre, la mariposa se crea y la
estrella fugaz aparece y se entregan igual a la vida, y cuando son, cuando
están, son inmensas, eternas, aunque su existencia dure un suspiro.
A veces, alguien nos hace sacarnos la armadura para siempre,
y en este caso, ese alguien sos vos.
A veces, se necesita mucho tiempo y trabajo, y sé que hay
gente que no logra sacársela nunca.
A veces, llega alguien como vos, que sabe ver el corazón,
detrás de todo ese disfraz, como si no lo tuviera. Y todavía sigo sin entender,
como hacés para saber lo que siento sin que yo haya tenido el valor de decir
una palabra.
Hoy sé que las armaduras existen para protegernos durante
las batallas, pero vivir así, es perdernos las cosas que importan, es olvidar la
magia y la verdadera belleza de la vida. Y frente a tanta coraza, el amor, la
amistad no puede entrar.
Sé también, que todavía hay gente rota que se vuelve a
armar, vuelve a amar. Gente que le sonríe a la vida aunque le duela el corazón,
porque sabe que no vale la pena dejarse vencer. Gente que teniendo el alma
triste, abraza y cura desde el dolor. Gente que ama con el alma, con el corazón,
y se levanta cada día tratando de dar pelea. Gente que hace reír, aunque a
veces, no pueda ni siquiera con sí misma.
Esa gente, la que ama desde ese lugar, ama bien a pesar de
todo. Esa gente cuando hace feliz, da mucho más de lo que se pueda imaginar.
Sí. Hay personas tristes que lo reparan todo y encima ayudan
a armar el mundo.
Y yo creo que vos sos así. Tenés tus propias batallas, y
guerras que ganar, y aún así, estás dispuesto a ser mi héroe en este lío, mi
salvavidas en este caos.
Gracias por ser como sos, por ser vos.